Camino Portugués de la Costa

Etapa: A Guarda-Oia

  • Longitud 16,7 Km
  • Dificultad Baja
  • Duración estimada 3h 20min

Nos encaminamos a Oia a lo largo de la línea costera, con el océano siempre abierto a nuestra izquierda. El tramo es llano y con apenas sombras. La brisa marina suavizará los rigores del sol en verano.

A Guarda- Portecelo

  • Longitud 10,5 Km
  • Dificultad Media-Alta
  • Duración estimada 2h 05min

La entrada a Galicia por la costa empieza en A Pasaxe (A Guarda). Hemos despedido Portugal en Caminha. A Guarda ha crecido en la falda del imponente castro de Santa Tegra, principal valor turístico e histórico de esta localidad. Es el más emblemático y visitado de los poblados galaico-romanos gallegos. Declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1931. Además, en varias de las piedras del monte se encuentran petroglifos elaborados hasta 2.000 años antes de la ocupación del castro. Santa Trega tuvo una ocupación continuada entre los siglos I a. de C. y I d. de C.

Desde lo alto nos sorprenderá una magnífica panorámica de la desembocadura del Miño. El estuario que forman los últimos metros del mayor de los ríos gallegos es especialmente atractivo en la bajamar y a la puesta del sol, con juncos, cormoranes y anátidas sobre la marisma.

Portecelo- Oia

  • Longitud 6,2 Km
  • Dificultad Baja
  • Duración estimada 1h 15min

Nos encaminamos a Oia a lo largo de la línea costera, con el océano siempre abierto a nuestra izquierda. El tramo es llano y con apenas sombras. La brisa marina suavizará los rigores del sol en verano. Llegamos al histórico monasterio de Santa María de Oia, situado en pleno litoral y en fase de rehabilitación. De él parte otra de las denominaciones para esta ruta: el “Camino monacal”. El alzado del monasterio, realizado a fines del siglo XII, muestra uno de los mejores ejemplos de la austeridad, funcionalidad y rigor constructivo de la Orden del Císter, y la iglesia conserva retablos barrocos con imágenes de gran expresividad.

Su estratégico emplazamiento ayudó, en más de una ocasión, a la defensa de la costa, como sucedió a mediados del siglo XVIII, cuando los monjes lograron desbaratar un ataque de la flota turca.