Camino Portugués

El culto jacobeo ha tenido en el Camino Portugués un territorio fundamental para entender la verdadera dimensión internacional del fenómeno de las peregrinaciones

Camino Portugués:

  • Longitud 107,2 Km
  • Dificultad Media-Baja

Camino Portugués por la costa:

  • Longitud 162,6 Km
  • Dificultad Media-Baja
Tui, vista desde Portugal

Esta ruta tomó relevancia, sobre todo, a partir del siglo XII, tras la independencia de Portugal. Su trazado hereda vías y caminos antiguos, como la Vía XIX, construida en el siglo I d. C., que unía Braga con Astorga a través de Ponte de Lima, Tui, PontevedraSantiago y Lugo, y que fue una de las calzadas romanas más importantes, pues vertebró la Gallaecia. Una variante de este Camino por la costa cruza el río Miño por A Guarda y, siempre pegada al mar, confluye con la interior en Redondela.

El culto jacobeo ha tenido en el Camino Portugués un territorio fundamental para entender la verdadera dimensión internacional del fenómeno de las peregrinaciones. Esta ruta tomó relevancia, sobre todo, a partir del siglo XII —tras la independencia de Portugal, a mediados de la centuria—.

Trazado de la ruta y recursos de interés

Desde el siglo XII, el fluir de los peregrinos hacia el norte de la Península fue estableciendo conexiones no solo espirituales sino también culturales y económicas, lazos humanos que las fronteras políticas nunca han podido quebrar.

Desde el siglo XII, el fluir de los peregrinos hacia el norte de la Península fue estableciendo conexiones no solo espirituales sino también culturales y económicas, lazos humanos que las fronteras políticas nunca han podido quebrar. El ejemplo de reyes, nobles y altos clérigos contribuyó decisivamente a asentar una gran devoción jacobea, como la célebre peregrinación de doña Isabel de Portugal, la “Raíña Santa”, en el siglo XIV, que ofrece ante el altar de Santiago su corona y será enterrada en Coímbra con un bordón de peregrina. Otro ejemplo es el del rey portugués Manuel I, que peregrina desde Lisboa a Santiago en 1502, y ordena como recuerdo de su estancia en Compostela que una lámpara alumbre día y noche el templo santiagués, para lo que asignará una renta anual.

Fue tal la impronta en tierras lusas del fenómeno jacobeo que la propia red viaria de Portugal se configuraría así, de sur a norte, pasando por los lugares que el Camino Portugués iba fijando hacia Galicia: Lisboa, Santarem, Coímbra, Porto, Barcelos, Ponte de Lima y Valença do Minho, donde el itinerario cruza el río Miño y entra en Galicia.

En el siglo XIX, el de menor afluencia de las peregrinaciones —como consecuencia de los nuevos tiempos marcados por la Revolución Francesa y la invasión de España por las tropas napoleónicas—, el Camino Portugués se convirtió, no obstante, en la vía jacobea más activa. En esa centuria, más del 80% de los peregrinos extranjeros fueron portugueses.